E L S I N D R O M E D E L A S T O R R E S
LA ENSENANZA DE DOS TORRES.
Piense por un momento en aquellas escuelas que usted conoce y que viven profundas crisis. Escuelas que tras años de existencia cierran sus puertas, congregaciones que entregan sus colegios. Otras que si les observa tienen una fuerte tendencia a desaparecer, cubiertas por las deudas, la falta de matrícula, negociaciones colectivas devastadoras… es el síndrome de las torres.
Un síndrome es un conjunto de síntomas que manifiestan una dolencia o enfermedad. Con el respeto que significa utilizar la figura de estas dos torres, me permito presentar un análisis para la escuela a partir de lo que pueden representar estos dos símbolos mundiales para expresar un síndrome que de alguna forma vive la escuela hoy: La escuela, entre el síndrome de las torres gemelas y la torre de pisa.
LA TORRE DE PISA.
La Torre inclinada de Pisa, que en realidad es el campanario de la catedral de Pisa, fue construida por el año 1173, pero comenzó a inclinarse tan pronto como se inició su construcción.
Se han realizado importantes esfuerzos para prevenir su derrumbe, el año 1990 fue cerrada al público, recientemente fue realizado un trabajo de reconstrucción para tratar de reducir el ángulo de inclinación. Se volvió a permitir la entrada al público el 16 de junio de 2001, después de diez años de trabajos. Muchos métodos se propusieron para estabilizar la torre, como el añadir 800 toneladas de plomo de contrapeso. La solución final fue eliminar 38 m³ de tierra de la zona inferior a la base. La torre sido declarada estable para al menos otros 300 años…¿Después que pasará?
Si seguimos el análisis podríamos decir que existen escuelas que viven el síndrome de la Torre de Pisa, ¿Cómo las podemos caracterizar?
Han sido creadas para estar “derechas”, alineadas con un proyecto (PEI) claro, fuerte, pero que se les ha debilitado.
Se gastan enormes esfuerzos en mantenerlas erguidas.
Sin embargo allí están inclinadas, a medio caer.
Permanecen por mucho tiempo, sobreviven, aparentemente van a caer, pero la ingeniería, las soluciones de urgencia les salvan de la caída.
Las soluciones para enderezarlas, no son definitivas… parcialmente se solucionan los problemas, alargan el plazo para permanecer “estables” ¿por cuánto tiempo?
Estas escuelas viven en la incertidumbre de lo que “inesperadamente se espera”. Son aquellas que toman medidas de sobrevivencia, no por sus opciones de vida esenciales (lo que les indica su PEI), como lo es el paso de régimen pagado a subvencionado, o la incorporación de educación coeducacional o mixta. Ambas decisiones pueden ser muy justas y pertinentes… ¿Pero cuántas veces se opta por ellas como una forma de captar más matrícula y no por principios fundacionales?
LAS TORRES GEMELAS
La otra reflexión la podemos tomar de las Torres Gemelas. Ellas fueron dos grandes edificaciones diseñadas por el arquitecto estadounidense de origen japonés Minoru Yamasaki y situadas en el World Trade Center en la isla de Manhattan de Nueva York, Estados Unidos.
Comenzaron a construirse el año 1963. Alcanzaban una altura de 417 metros. Tenían 239 ascensores con una capacidad media de 55 personas, 71 escaleras automáticas, 930.000 m² de superficie de oficinas, 50.000 trabajadores y hasta 150.000 visitantes al día, en su mayoría turistas.
Fueron destruidas por los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Estas torres nos pueden dar pistas para señalar el síndrome de las torres gemelas. ¿Cómo lo podríamos caracterizar?
Contrario al Síndrome de la Torre de Pisa, la caída se produce de pronto, de un golpe se viene todo abajo.
Es algo inesperado, hubo poco alternativas de aviso para tomar medidas para evitar la caída.
En otras ocasiones ocurre la caída, previo a débiles alertas. Pese a ello los encargados de la seguridad y la organización no las consideraron de importancia.
LA LUCHA AL INTERIOR DE LA ORGANIZACIÓN.
¿Qué tiene que ver todo esto con la realidad de los colegios? De alguna forma existen colegios que viven una caída lenta o violenta.
Por una parte aquellas que viven el síndrome de Pisa, son aquellas escuelas que viven inclinadas hacia sus propias debilidades, con fuerzas orientadas hacia la entropía, más que a la sinergia.
La entropía es un principio científico que nos confirma que todo se dirige hacia la decadencia, es un progreso para la destrucción o desorden inherente a un sistema. Es la energía que falta, que no esta disponible para el logro de un buen trabajo, aplicado a la organización nos indica que el deterioro en las personas y la propia institución es lento, real e inexorable. Los edificios se derrumban, quienes los habitamos nos envejecemos, la naturaleza se hace añosa, se erosiona, se agota.
¿Estamos por ello condenados a la muerte organizacional? Por el bien nuestro existe la “sinergia” , que no es más que la acción conjunta de dos o más partes (drogas, músculos, órganos, personas) que concertadamente buscan una solución a un problema común.
La organización que no regula estas fuerzas (entropía v/s sinergia) puede vivir la caída, ya sea lenta como la Torre de Pisa o intempestiva como en la Torres gemelas.
La entropía nos rodea, esta en todas las personas y en todos los equipos. Comparte espacios con la sinergia y es una trampa mortal, cuando se descuida, cuando no se evalúan sus causas y efectos. Ella nos coge especialmente en el trabajo en equipo: desconfianzas, orgullos, juegos de poder, arrogancia, soberbia, autoritarismos… una vez que crece, cuesta contenerla para transformarse en un desorden acumulado, un caos por venir.
En la propia persona también la entropía genera desorden y caos: en cosas tan simples como pasar quince minutos buscando un documento mal guardado, hasta los sentimientos que empeoran sus relaciones laborales y familiares. La entropía es un proceso que no se puede evitar, pero si podemos prever sus consecuencias, controlarla y reducir sus impactos.
Existen escuelas que viven por décadas en la tensión de una muerte anunciada, de una caída lenta, pero sostenida. Otras caen de pronto y cierran sus obras, tras años de esfuerzos. ¿Qué hace que unas permanezcan y otras decaigan?
LOS DESAFIOS DE LA REALIDAD A LA ESCUELA.
La escuela en general, es un fruto cultural, entendiendo por cultura más que el simple “saber”, el crear vida juntos, el ser signo y producto de la historia que cotidianamente construimos. Por ello es un “producto” de la sociedad en que está inserta, por tanto es un proyecto social, condicionado por los contextos calóricos y convivenciales en que vive.
La sociedad ha cambiado radicalmente, asumiendo el cambio y un conjunto de enormes estrategias para adaptarse, pero pareciera que la escuela sigue con sus viejos esquemas, que por cientos de años le dieron éxito social.
La escuela en general, no ha entendido que sus viejas certezas, hoy ya no sirven, que el escenario es cibernético, globalizado, pluridinámico y ella sigue con su discurso añejo, autocomplaciente, ensimismado, lineal.
Pero no solamente la crisis de la escuela se explica con su actitud pasiva, estática, sino cerrada a la realidad, justificando todo a partir de las debilidades de otros: los padres que no asumen sus roles formativos, los medios de comunicación que no educan, los políticos irresponsables, el gobierno pragmático, docentes descomprometidos, la desorganización general, la crisis de valores.
Es la realidad que cambiando, nos demanda cambios. A esto la Escuela tiene una doble obligación, responder tanto en lo académico, en sus resultados, en el manejo financiero, etc., pero también responder a su profunda raíz de entidad formadora de personas en un contexto social determinado
Tomado de REDEM..
